ANIMAL, intento «trapalleiro» (Netflix, 2025)

La serie se estrenó en 2025 y está protagonizada por Luis Zahera (en el papel de Antón) y Lucía Caraballo (como Uxía). Fue creada por Víctor García León y dirigida por él junto a Alberto de Toro. La primera temporada consta de 9 episodios, cada uno de aproximadamente 25–30 minutos.  

En cuanto a la sinopsis —sin spoilers—: Antón es un veterinario rural gallego cuyo mundo está en crisis cuando sus vecinos ya no pueden pagarle, lo que le obliga a abandonar su entorno tradicional para aceptar un trabajo en la tienda boutique de mascotas de su sobrina Uxía. Este cambio radical lo lleva de las granjas al universo de perros mimados, cobayas con estrés y una clientela urbana bastante particular.  


Desde la estructura hasta el trasfondo, Animal es un ejemplo casi “canónico” del formato que hoy parece imperar en las plataformas: temporadas breves, episodios relativamente cortos. Al calor de la era post-megaseries —piensa en títulos de los 2000 como Lost, CSI: Crime Scene Investigation, Grey’s Anatomy o Desperate Housewives— ahora las plataformas apuestan por formatos más mesurados, quizás para reducir la reticencia del espectador a comprometerse con decenas de horas. Animal se inscribe en esta nueva tendencia: una única temporada, nueve capítulos, cada uno de poco más de media hora. Eso es comodidad: no tienes que encadenar veinte episodios para “engancharte”.

Sin embargo, ese formato tan “condensado” tiene también sus trampas. Y aquí es donde la serie tropieza.

En un principio engancha: el entorno rural gallego, la belleza de los paisajes, la voz profunda de Zahera y ese choque cultural que propone —campo duro frente a tienda de mascotas de lujo— tienen magnetismo. Pero pronto sentimos que la promesa se diluye. El guion va perdiendo fuelle, las historias secundarias no generan el pulso necesario para mantener el interés y el espectador que se había dejado llevar empieza a mirar el cronómetro con cierta impaciencia. El hecho de que el showrunner pretenda, vía Antón, poner sobre la mesa un problema tan grave y real en España como el despoblamiento rural y las dificultades del sector agropecuario es loable —y de hecho lo mencionan como santo y seña de la serie—.  Pero la ambición social no le garantiza a la trama la consistencia narrativa que se necesita: cuando la base de tu argumento es también servir como cartel-concierto del problema, corres el riesgo de que el entretenimiento quede en segundo plano.

Uxía y Antón lo intentan, mucho, pero mucho.

Otro detalle que llama la atención es el acento gallego. Admito que, como oyente, me resulta dulce y agradable —pero en esta serie en concreto se siente en ciertos momentos tan recargado que roza el pastiche. Es decir: esa intención de mostrar “auténtico sabor local” deriva, al menos para mi gusto, en forzamiento. Con el avance de los episodios, dicho acento pierde parte de su encanto y se convierte en un recurso que distrae más de lo que ayuda.

El argumento, como decía, es uno de los puntos más débiles. Dado que la serie aspira a “enseñar” algo —la España vaciada, la crisis del campo, el relevo generacional—, las historias que giran alrededor quedan algo superficiales, poco exploradas, con personajes que podrían haber dado más de sí. Y ahí aparece el gran talento de Luis Zahera. Un actor al que he visto brillar en muchas ocasiones y del que esperaba mucho más en este caso. No sé si fue cuestión de guion, producción o simplemente que la comedia no le favorece tanto como otros registros: su Antón me pareció demasiado forzado, poco fluido, como si estuviera interpretando un papel que no acababa de creerse, o en el que no acababa de sentirse a gusto. Y cuando el protagonista flaquea, la serie pierde el ancla. ¿Resultado? Los demás miembros del reparto lo hacen razonablemente bien, pero sin la base de una trama con fuerza, sus roles no logran brillar. Ese es el caso de la sobrina Uxía (Lucía Caraballo): personaje diametralmente opuesto a Antón, joven, energética, optimista… pero tan poco aprovechado que parece una silueta más que una figura viva. La superficialidad argumental impide que su arco tenga impacto.

Sin embargo, y para que no todo sea reproche, uno de los aciertos incuestionables de Animal es la ambientación. Los paisajes gallegos, el pueblo ficticio de Topomorto (rodado en localidades como Teo, Vedra, Pontemaceira), la cámara que abraza el verde, la lluvia, la niebla, la soledad de las casas de piedra… todo eso se ve bastante bien y cumple su cometido: nos transporta. Y cuando la serie opta por momentos de calma contemplativa, ahí funciona.

Ahora bien: quizá, dadas la acción relativamente lenta y el tono pausado, el formato tan breve deja una sensación de que faltó algo —o, si somos más críticos, mucho. Con tan solo nueve capítulos y un ritmo que no arranca con urgencia, la promesa de “vaya, vamos a ver qué pasa” se queda en un “ya veremos si pasa”. La brevedad puede jugar a favor de la saturación evitada, pero también en contra de la profundidad no alcanzada.

En resumen: Animal tiene suficientes ingredientes atractivos para encender una chispa —Zahera, Galicia, un trasfondo social interesante—, pero no logra mantener la llama encendida, y lo que podía haber sido una comedia rural con mordiente se convierte en un ejercicio simpático pero algo tibio. Mi puntuación es de 4 sobre 10. Solo se la recomiendo a quienes sean fans de Zahera, de Galicia o necesiten algo de fondo para dormir (con cariño, claro).

Trailer oficial en YouTube

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