La presente temporada de Fórmula 1 está firmando uno de los guiones más inesperados de los últimos años. Antes del parón veraniego, el campeonato parecía tener dueño: McLaren dominaba con la fuerza apisonadora de un equipo que por fin había encontrado la tecla correcta, con un coche rápido, versátil y con dos pilotos jóvenes hambrientos de gloria. La diferencia en el campeonato era insultante: 109 puntos de ventaja sobre Max Verstappen. Muchos daban por hecha la coronación naranja.
Pero en la F1, lo sabido no existe y lo evidente se desvanece con solo un par de decisiones mal tomadas. Aquí empieza la primera gran historia de esta temporada.
El dominio de McLaren… y su propio talón de Aquiles
Durante la primera mitad del año, McLaren fue intocable. Su ritmo en clasificación era demencial, su paso por curva media un poema al downforce y la degradación parecía bajo control. El coche estaba ahí, la velocidad estaba ahí… pero la estrategia no siempre.
Lo que comenzó como un modelo de gestión dual terminó convirtiéndose en un pequeño incendio interno. Desencuentros estratégicos, decisiones de muro más propias de un equipo en reconstrucción que de un aspirante al título, y ese extraño empeño en dejar que Norris y Piastri se pelearan casi sin límites en pista.
La intención era buena: igualdad, competitividad, espíritu de carrera. El resultado, menos ideal: puntos perdidos, mala sangre contenida y un aire de “si hubiéramos hecho…”
Y claro, cuando delante tienes a Max Verstappen, el hombre que no perdona, esas dudas se convierten en un banquete servido en plato naranja.

Norris y Piastri: talento inmenso, regularidad escasa
Lando Norris ha sido brillante en muchos momentos y desesperante en otros tantos. Su problema no es la velocidad —la tiene de sobra— sino la falta de constancia en fines de semana clave. Oscar Piastri, por su parte, sigue mostrando un talento frío y analítico, pero todavía adolece de esa finura letal que separa a los buenos de los grandísimos.
Ambos han firmado carreras sublimes, pero ambos han regalado puntos en días en los que Verstappen, sin tener el mejor coche, hizo lo que hace siempre: maximizar lo disponible y no cometer errores. El deporte es así: no gana el más rápido, sino el que suma más. Y Max suma como si le fuera la vida en ello.
Verstappen: el martillo que vuelve a caer
Lo que está haciendo Verstappen este año merece capítulo aparte. Pasar de estar a 109 puntos del líder a solo 24 puntos a falta de dos Grandes Premios y una Sprint es una remontada histórica, comparable con las mejores de la era híbrida e incluso con gestas de épocas anteriores.
No es solo talento —que lo tiene de sobra— sino una tenacidad y una concentración que rozan lo clínico. En un mundo en el que pilotos jóvenes se distraen con rumores de paddock, TikTok o camisetas edición especial, él sigue siendo un martillo pilón: cero errores, cero concesiones, cero sentimentalismos.
Si hay un hueco, lo ocupa; si hay una oportunidad, la exprime; si el coche no va, él sí.

No es casualidad que el tono general del paddock haya cambiado del “¿puede McLaren evitar la fuga?” al “¿cómo demonios aún está vivo en el campeonato?”.
Y aquí estamos. 24 puntos. Dos carreras. Una Sprint. Y la sensación —casi imperceptible, pero presente— de que este mundial se está inclinando hacia donde siempre se inclina cuando Max huele sangre: hacia él.
Ferrari: el giro inesperado que no era necesario
O el “¿qué demonios pasó con lo de Hamilton?”
Qué temporada tan extraña para Ferrari. Entre destellos de brillantez y momentos de puro desconcierto, el equipo ha navegado sin rumbo claro. Pero lo más sonado, sin duda, fue la repentina decisión de sustituir a Carlos Sainz por Lewis Hamilton.
El resultado ha sido… incómodo. Hamilton no ha encontrado ritmo, el coche no se adapta a su estilo y el proyecto parece no saber muy bien qué quiere de él. Un siete veces campeón deambulando por la mitad de la tabla es un espectáculo que nadie esperaba.
Mientras tanto, Sainz —que nunca dejó de rendir de manera sólida— se convirtió en símbolo involuntario del error estratégico de la Scuderia.
Decisiones apresuradas. Timing dudoso. Una historia ya conocida en Maranello.
Fernando Alonso: el eterno overperformer
Lo de Alonso merece siempre un apartado propio. Con un coche que oscila entre mediocre y insuficiente, sigue sacando resultados por encima de la lógica, de la física y, en ocasiones, de la paciencia.

No debería estar ahí. Su coche no debería permitirlo. Y sin embargo, lo está. Carrera tras carrera, encuentra un modo de puntuar, de luchar, de incomodar a coches que deberían volarlo. Lo suyo no es nostalgia: es puro rendimiento.
Da igual que tenga 44 años: en manos de Alonso, medio segundo de déficit se convierte en una molestia, no en una condena.
Menciones rápidas pero merecidas
- Charles Leclerc: brillante por momentos, víctima de Ferrari por otros. Sigue siendo un diamante, pero cada año brilla un poco más irregular.
- Isack Hadjar: una de las gratas sorpresas. Velocidad, descaro y un instinto de carrera que huele a futuro grande.
- George Russell: sólido, constante, pero atrapado en un Mercedes que no termina de despertar.
- Sainz (de rebote): su nivel sigue siendo altísimo pese al ruido de su entorno. El piloto menos valorado de la parrilla, con diferencia.
¿Qué necesita Verstappen para ser campeón por quinta vez?
Los números dicen que Max depende de sí mismo… más o menos. Su situación es delicada pero no desesperada. Con 24 puntos por recortar y 34 en juego por fin de semana (sumando la Sprint), cualquier combinación es posible.
Algunos escenarios:
- Si Verstappen gana ambos GP y la Sprint, es campeón sin importar lo que haga Norris.
- Si gana un GP y termina segundo en el otro, necesitará que Norris no gane ninguna de las dos carreras.
- Si Norris sigue siendo irregular, Max podría incluso coronarse con un segundo y un tercero acompañados de un buen resultado en la Sprint.
- Si McLaren vuelve a enredarse internamente, el título podría caerse por su propio peso.
Lo más interesante es que, por primera vez desde 2021, el holandés está peleando desde atrás, y eso suele convertirlo en una versión aún más letal.
Otros datos relevantes que merece incluir
- El récord de puntos recuperados en una segunda mitad de temporada está al borde de romperse.
- McLaren, pese a los tropiezos, sigue siendo el coche más rápido en ritmo puro.
- La batalla por el tercer puesto entre Piastri, Leclerc y Sainz está más igualada que nunca.
- Este es uno de los finales de campeonato más abiertos de la era moderna: tres equipos han liderado carreras y cuatro pilotos han ganado al menos una.
Conclusión: el mundial que se escribe solo
Esta temporada es la demostración perfecta de que la F1 no necesita dramas externos cuando los equipos ya se encargan de regalarnos suficientes.
McLaren se disparó en el pie justo cuando debía rematar. Ferrari tomó decisiones difíciles sin resultados que las justificaran. Alonso siguió siendo Alonso. Y Verstappen… bueno, Verstappen siguió siendo exactamente lo que es: una máquina de ganar.
¿Habrá quinta corona?
¿Dará Norris el golpe definitivo?
¿Piastri será la sorpresa tardía?
Lo único cierto es que, después de un año así, la F1 vuelve a ser imprevisible. Y eso, en un deporte que a veces se olvida de serlo, es la mejor noticia de todas.
