El tiempo vuela, vuela con él

Si hay algo que la mayoría de nosotros sabemos en relación al tiempo es que las horas de un día nunca nos alcanzan para hacer todo lo que quisiéramos.

“¡No tengo tiempo!” es una frase que escuchamos o decimos muy a menudo. Sin ir más lejos, hoy por la mañana cuando me disponía a escribir este post, me dí cuenta de que no tenía tiempo ya que otras actividades me demandaban. Debería dejar alguna cosa para otro momento. Las agujas del reloj me obligaban a elegir entre lo que quería y lo que debía hacer.

“Se me hace tarde”, “¿Qué hora es?” y “¡No pierdas el tiempo!” resuenan en nuestras cabezas cuando el tiempo nos apremia y tenemos que ser más veloces que él. Nos convencemos de que cuanto más hagamos en menos tiempo, mejores seremos.

El reloj se convierte entonces en un enemigo implacable que nos impone lo que tenemos que hacer y cuando hacerlo.
Día tras día, la aguja de los minutos da 24 vueltas a las esfera pero a nosotros siempre nos quedará algo pendiente para mañana. Pasamos gran parte de nuestras vidas cumpliendo horarios, corriendo una carrera en la que al parecer nunca llegaremos a la meta.

Sin embargo el tiempo es importante y muy valioso para la vida si lo administramos bien.
No se puede vivir sin horarios. Tendríamos que mudarnos a una isla apartados del resto de la sociedad para que esto se hiciera realidad. Pero lo que sí podemos hacer es intentar llevar una vida más organizada que nos permita disfrutar de cada momento sin tener que estar tan preocupados de lo que sigue después.

Y aunque lo tratemos tan mal, nuestro tiempo es limitado, irrecuperable y valioso. Nuestro tiempo es la vida misma y nuestra vida es todo lo único que tenemos con seguridad… mientras la tenemos.

¿Cuál es la clave para vivir mejor sin que el reloj se detenga jamás?

Los científicos no están seguros de cómo el cerebro percibe el tiempo. Una teoría es que posee un conjunto de células especializadas en contar los intervalos de tiempo; otra es que una gran cantidad de procesos neurales actúan como un reloj interno.
Los estudios hallaron que este cronómetro biológico no puede interpretar demasiado bien los intervalos más prolongados. El tiempo parece transcurrir más lento durante una tarde sin actividad y acelerarse cuando el cerebro se enfrenta a una tarea desafiante. Los estimulantes como la cafeína distorsionan la percepción del tiempo; los trabajos complicados parecen demandar más tiempo que el que ocupan en realidad.

El tiempo no es elástico, por lo que no podemos estirarlo como quisiéramos pero sí podemos administrarlo de manera inteligente.

¿Cómo se administra el tiempo? ¿Existe alguna receta mágica para conseguirlo?

No existe un sistema único y maravilloso de administrar el tiempo. Es más cada uno de nosotros debe comprometerse consigo mismo a generar, a crear, su propio sistema de administración del tiempo.

El desarrollo del propio sistema de administración es fundamental, por dos motivos: Primero, lo que funciona para unos, no tiene necesariamente que funcionar para todos.
Segundo, al asumir la tarea de administrar el tiempo disponible, desarrollamos un hábito positivo, que tiende a garantizarnos mejores resultados.

¿Cómo se fabrica un sistema personalizado de administración del tiempo?

Puedo sugerirles una serie de técnicas que podríamos utilizar para conseguir diseñar nuestro propio método de control:

  • Durante un período de una semana, anotar en una libreta, en una agenda, en nuestro ordenador, en qué consumimos nuestro tiempo. Nos sorprenderemos de la cantidad de “tiempos muertos”, de asuntos inesperados que reclaman nuestra atención, de cuestiones, sin tanta importancia, en las que invertimos un buen puñado de minutos diarios.
  • Jerarquizar , es una palabra mágica, debemos aprender a distinguir entre lo que es importante y lo que no lo es, entre lo que es interesante, necesario, urgente, importante. Una que vez tengamos la costumbre de hacerlo, debemos hacer siempre primero lo más importante y dejar el resto para después.
  • Concentración , es una fórmula especial, cuando decidimos qué es lo que tenemos que hacer ahora, tenemos que hacerlo olvidando todo lo demás, sumerjirnos en esa tarea.
  • Delegar , se habla mucho de la conveniencia de delegar, es fundamental rodearse de un buen equipo de colaboradores, a quienes podamos encomendar muchas de nuestras tareas. No es admisible refugiarse en la típica excusa de “ellos no saben hacerlo”, es posible que no lo sepan hacer, que no lo hagan como nosotros, que lo resuelvan de forma distinta. Si no saben realizar esa tarea, enseñémosles, el tiempo que invirtamos en ello será un importante aliado.
  • Digamos no , con una sonrisa, con un gesto afable, neguemos nuestra asistencia a una comida innecesaria, no perdamos nuestro tiempo en reuniones de menor importancia, no dejemos que invadan nuestro despacho y que los demás nos cuenten historias y cuchicheos que nos roban nuestro tiempo, hay personas que parecen estar desocupadas todo el día.
  • Planifiquemos nuestras tareas, aunque al principio pueda parecernos molesto, aburrido, una pérdida de tiempo, esta acción es una de las más importantes que podemos realizar en nuestro propio beneficio, los minutos que dediquemos cada día a organizarnos, a planificar nuestras jornadas de trabajo, nos serán muy rentables.
  • Perdamos el tiempo, podemos tener la mejor de las planificaciones de nuestros días, de nuestras semanas, de nuestros meses, pero inevitablemente, casi a diario, van a surgir “fuegos que apagar”, “conversaciones que escuchar”, “llamadas telefónicas ineludibles”, de manera que resulta muy inteligente, en el momento de organizarnos, incluir un porcentaje de minutos diarios para perder.
  • Reservemos tiempo para las relaciones familiares, personales, para las amistades, además de trabajar, debemos continuar siendo seres humanos, así que cultivemos el trato con los demás.
  • Cuando todo falle, cuando nuestro plan se esfume, cuando el trabajo se acumule, cuando no sepamos por dónde empezar, no nos angustiemos, sepamos que eso les pasa a todos más a menudo de lo que imaginamos. Cuando lleguemos a esa situación, respiremos hondo, sonriamos, cantemos una canción, hagamos algo diferente a lo que normalmente hacemos.

Y si tenemos la suerte de que nos sobre algo más de tiempo, no nos olvidemos de hacer esas cosas que siempre postergamos, esas que “algún día cuando tengamos tiempo” vamos a realizar, esas que tanto deseamos y siempre parecen menos importantes que las demás..

Aquí les cuento algunas de las mías…

  • Bailar bajo la lluvia
  • Reirme a carcajadas (con o sin motivo)
  • Comer un helado sin culpas
  • Jugar un poco cada día
  • Demostrar mi amor más frecuentemente
  • Sentirme niña por un rato
  • Dormir una siesta en invierno, al aire libre (abrigada, por supuesto!)
  • Pintar creyéndome que soy una verdadera artista (¿Y por qué no?)
  • Quedarme un día entero en la cama remoloneando (¡ENTERO!)
  • Mirar 10 capítulos seguidos de mi serie favorita (sin quedarme dormida…)

Siempre habrá un momento… si es que queremos tenerlo..
Siempre habrá una oportunidad…. Si es que nos la damos

Si tenés ganas, cuéntanos.. ¿Cuáles son esas cosas que siempre postergas para cuando tengas tiempo pero que nunca concretas? ¿Estás dispuesto a regalarte ese tiempo que tanto mereces?

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