Internet, un prodigio sin final

Hace 70 años mis abuelos dejaron su pequeña aldea en Galicia para navegar hacia lo que consideraban la tierra prometida. Apretaron sus sueños dentro de un baúl de madera y subieron en aquel barco con proa hacia el puerto de Buenos Aires, Argentina.
Cuando zarparon, entre el borbotón de emociones tenían la intuición de que ya no volverían a ver a los que dejaban atrás. Y es que entonces, en el año 1950, para la mayoría de la gente, viajar 10.000 kilómetros hasta otro continente casi equivalía a morir y volver a nacer.

Hoy vivimos en otro mundo.

Cruzar un océano es tan solo una aventura que documentamos en Instagram, buscamos alojamiento en Airbnb, chequeamos Facebook o Instagram para ver que hicieron nuestros amigos al otro lado del Atlántico, mientras volamos en un avión que reservamos online en Lastminute.com 6 horas antes de abordar. Luego sólo nos relajamos el resto del viaje con nuestra lista favorita de Spotify pero sin descuidar el grupo del trabajo de Whatsapp.

Magia” o “brujería” sería esto para mis abuelos, porque el avance tecnológico ha sido tan vertiginoso en los últimos años que ni Charles Darwin podría haber soñado una evolución similar.

Hoy hablamos ya con naturalidad de la Web 3.0 pero vislumbramos en el horizonte a su sucesora, la Web 4.0.
Como quien ve ocultarse el sol una tarde, y sabe que mañana volverá a salir, pero cuando lo haga será otro sol, mejorado, más potente, pero que también durará sólo un día, hasta la llegada de uno nuevo.

Internet ha atravesado tres fases antes de llegar a la Web 4.0 que ya se vislumbra y esto ha supuesto cambios radicales en su funcionamiento y en lo que los usuarios pueden esperar de ella.

Comenzando el último tercio del Siglo XX el embrión de Internet vio la luz. Se trataba de una mera interconexión entre rudimentarios y aparatosos ordenadores en un laboratorio de la Universidad de California. Era 1969, y en aquel año, el paso de Neil Armstrong sobre la superficie lunar no fue el único gran paso que dio la humanidad.

De ahí en adelante el crecimiento fue exponencial en cada fase de su desarrollo. Y de una u otra manera el impulsor de ese desarrollo eres tú, soy yo, y todos los que utilizamos esta red cada vez más y exigimos cambios, mejoras, velocidad, utilidad. De la mano del avance de la tecnología y el hardware, Internet fue creciendo como un ser mitológico de múltiples cabezas pero sólo un objetivo, satisfacer las necesidades nuestras, los usuarios. Ya sea en el ámbito del trabajo, el estudio, el ocio, el desarrollo, la ciencia, la divulgación y un infinito etcétera.

Es imposible hacer una reseña breve y decente del crecimiento de la Web entre la 1.0 y la incipiente 4.0 sin que (al menos) la mitad de la audiencia se duerma, por eso me parece que lo mejor sería ilustrarlo con un ejemplo muy sencillo para que luego cada lector en su cabeza elija llevarlo a la escala que mejor comprenda. Aquí voy:

★ Creo una página web y subo una foto de un cuadro que pinté hace poco. Junto a la foto escribo una breve reseña de cómo lo hice y que materiales utilicé. Soy el webmaster y los navegantes pueden mirar, leer y a otra cosa. Estoy en la Web 1.0 (1969~1995)

★ Sigo pintando. Mi galería online es bastante exitosa. Agrego un blog a mi página donde informo a los navegantes usuarios de las últimas novedades en óleos y lienzos que he probado. Habilito un foro para que quienes visitan el sitio puedan debatir sobre arte y temas afines. Añado un espacio de almacenamiento en mi servidor para que otros pintores puedan compartir también sus trabajos con todo el mundo. Inauguro una pequeña tienda online para quienes quieran comprar alguna de las pinturas expuestas. Es la Web 2.0 (1996~2010)

★ Mi éxito es rotundo y mi galería es referente mundial. Tengo salas de visitas virtuales e interconexión con otras galerías internacionales. A través de mi aplicación móvil se puede acceder a contenido exclusivo, los visitantes pueden interactuar de forma virtual y descargar juegos para futuros niños pintores. Ya no almaceno en mis servidores sino en la nube. Los que aún visitan mi galería obtienen toda la información sobre mis pinturas sólo con enfocarlas con la cámara de sus dispositivos. He hecho streaming en vivo mientras trabajaba en mi taller. La Web 3.0 me permite esto y más. (2011~hoy)

★ Espero con ansias la llegada de la Web 4.0, deseo que los asistentes virtuales de los turistas que lleguen a mi ciudad detecten a quienes pueden tener interés en mi galería y les guíen para venir. Mi negocio se gestionará de forma autónoma e inteligente casi sin intervención humana, y esto será posible gracias a la inteligencia artificial, el 5G y que ya no se usará dinero en efectivo. Cada persona contará con la ayuda de un guía virtual que irá casi “adivinando” sus necesidades a medida que vayan surgiendo, si quiere comer, descansar, relajarse o divertirse. Le pondrá la calefacción cuando esté llegando a casa, controlará tus signos vitales y cuidará de que todo esté bien. La nueva web será predictiva, adaptable y versátil como nunca hasta hoy.

Internet seguirá mutando y mejorando, siempre intentando complacernos. Pero jamás deberemos relajarnos por completo ya que al ser una herramienta al alcance de todos, puede siempre haber quien pretenda utilizarla para beneficiarse perjudicando a otros. Nunca olvidemos que la Web tiene nuestra esencia, la esencia humana.

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