25 trucos de genios para invocar a las musas

Tanto quienes escribimos de cuando en cuando por diversión como quienes hacen de la escritura su estilo de vida, sabemos que la inspiración suele ser bastante esquiva. Y no es que no exista o no venga jamás, sino que no lo hace cuando nosotros la necesitamos. Sería raro que aparezca cuando nos sentamos frente a un teclado, con toda una tarde para nosotros sino que, por el contrario, tendremos que correr a escribir en el momento que ella decida visitarnos, justo antes de esa cita crucial que no podemos cancelar.

Por eso quiero compartir con vosotros estos pequeños truquillos que han usado algunos de los mayores pensadores, intelectuales y artistas de la historia para invocar a sus musas. Veréis cosas muy curiosas y quizás alguna os sirva de inspiración también.

  1. Como muchos de nosotros, Ludwig Van Beethoven comenzaba el día con un buen café. Su única particularidad era que debían usarse exactamente 60 granos bien molidos por taza.
  2. Benjamin Franklin era conocido por irse temprano a la cama y levantarse temprano también. En sus últimos años se lo conoció por algo más. Sus famosos baños de aire” matutinos que consistían en leer y escribir completamente desnudo durante aproximadamente una hora. Luego se iba a trabajar, vestido, claro.
  3. Muchos escritores y artistas famosos dan mucha importancia al desayuno. Víctor Hugo prefería los huevos crudos para la primera comida de la mañana.
  4. Antes de ir a su consulta, Sigmund Freud recibía la visita de su barbero personal para recortarle la barba cada mañana. Normal.
  5. Agatha Christie nunca tuvo un escritorio donde sentarse a imaginar sus novelas. Escribió sus 80 novelas, 19 obras de teatro y numerosas otras aprovechando cualquier sitio donde pudiera apoyar su cuaderno.
  6. Ernest Hemingway tampoco era adepto de los escritorios y aunque no me parece lo más cómodo, él escribía siempre de pie.
  7. Thomas Wolfe era otro que escribía de pie, utilizando normalmente la parte superior de un refrigerador como apoyo, le ayudaba que su estatura era de casi dos metros.
  8. Algunas personas adoran trabajar en una cafetería. Rainbow Rowell, autor de la aclamada novela para adultos “Eleanor y Park”, escribió todos sus libros en una mesa de la cadena Starbucks.
  9. Richard Wright escribió siempre sus obras, lloviera o hiciera sol, sentado en un banco del parque Fort Greene de Brooklyn.
  10. La poetisa y novelista Maya Angelou era incapaz de escribir en un entorno idílico y tranquilo como muchos soñaríamos. Por eso se hospedaba en las peores habitaciones de hoteles de mala muerte para encontrar inspiración.
  11. El prestigioso arquitecto norteamericano Frank Lloyd Wright no trabajaba bien bajo presión. Por eso no podía comenzar a dibujar ni siquiera un boceto hasta que tuviera elaborado el diseño completo dentro de su cabeza.
  12. Truman Capote dijo en una entrevista a la revista The Paris Review“No se me ocurre nada a menos que esté acostado”. Lo mismo le ocurría al novelista Marcel Proust.
  13. Cuando el compositor Igor Stravinsky se sentía bloqueado, hacía el pino para despejar su mente. Sí, sí, eso mismo, cabeza abajo.
  14. Woody Allen se metía en la ducha, incluso varias veces al día cada vez que necesitaba darle un empujón a su imaginación.
  15. Pianista clásico Glenn Gould ayunaba los días de grabación. Estaba convencido de que eso agudizaba su cabeza.
  16. Poeta alemán Friedrich Schiller insistía en que el olor de las manzanas podridas dentro de un cajón de su escritorio estimulaba su creatividad.
  17. A veces, es cuestión de enfoque. Mientras escribía “ Las Correcciones” una novela que narra el deterioro mental de un enfermo de Parkinson, Jonathan Franzen trabajó en su ordenador usando tapones para los oídos y una venda en los ojos.
  18. Stephen King prefiere tomárselo como una rutina, escribe todos los días del año y tiene como objetivo 2.000 palabras al día, lo cual le insume alrededor de cinco horas.
  19. A principios de los años ’50, Vladimir Nabokov primero escribía los borradores en tarjetas de archivador para así poder reorganizar los párrafos y capítulos rápidamente. Luego su esposa Vera se encargaba de pasar los manuscritos a máquina. Actualmente se habría casado con Microsoft Word.
  20. Cuando Anthony Trollope terminaba de escribir un libro necesitaba comenzar otro inmediatamente. Lo mismo le ocurría a Henry James. Esto si que es adicción
  21. El teólogo Jonathan Edwards, conocido por su sermón “Pecadores en las manos de un Dios enojado” había creado un método para no olvidar sus ideas. Cuando le venía alguna y no podía escribirla, asociaba su pensamiento a una parte de su vestimenta, donde pinchaba un trozo de papel. Más tarde, cuando volvía a su escritorio los trocitos de papel en su ropa le recordaban sus pensamientos y así podía volcarlos al papel.
  22. Después de la cena, Mark Twain leía lo que había escrito ese día en voz alta a su familia para recibir sus comentarios. Sin dudas un precursor de los blogueros.
  23. Mientras escribía “Entrevista con el Vampiro”, Anne Rice dormía durante todo el día y trabajaba por las noches. Así conseguía enfocarse y evitar distracciones.
  24. El escritor Jerzy Kosinski dormía ocho horas al día pero no de corrido sino en dos períodos de cuatro horas, distribuidos durante la jornada.
  25. El pintor holandés Willem de Kooning era de hábitos nocturnos. A menudo llevaba sombrero y abrigo mientras pintaba ya que en su edificio apagaban la calefacción central a las cinco de la tarde. Quizás esto fuera más una necesidad que un recurso inspirador.

“¿Ha notado usted que la inspiración llega cuando no la está buscando? Llega cuando toda expectativa se detiene, cuando la mente y el corazón se tranquilizan.”

Jiddu Krishnamurti, filósofo indio

Lo que yo saco en limpio de esto es que no hay reglas para crear más que las que nosotros nos inventemos.
Personalmente, no puedo escribir si no tengo diversos objetos en mi escritorio para jugar con ellos mientras busco ideas, pelotas de goma, reglas, lápices, tornillos, monedas o lo que sea.

¿Y tu cómo encuentras la inspiración?

Extraído del libro Daily Rituals: How Artists Work

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